El artículo de la semana: ¿Has oído hablar del ‘quiet quitting’?

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El artículo de la semana: ¿Has oído hablar del ‘quiet quitting’?

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Siempre nos han dicho que tenemos que “dar el máximo de nosotros mismos” o “intentar destacar frente al resto”. Superar las expectativas de nuestros superiores para quizá, en el futuro, quién sabe, ser recompensados. ¿Apunta alto y llegarás alto?

 

¿Cuánto tiempo debemos dar más de nosotros para percibir la recompensa de más? ¿Y cuánto más hay que dar? ¿Quién garantiza que me lo vayan a dar? El ‘quiet quitting’ se hace estas preguntas; el movimiento del conformismo rebautizado, que se remueve ante estos viejos mantras.

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Fotografía teclado, ratón y calendario 1378179-pxhere

En español se ha definido como ‘renuncia silenciosa’. Hablamos de una práctica que están empezando a adoptar los empleados en sus trabajos. Hablamos de ceñirse a las funciones y expectativas de acuerdo con las características del puesto y el sueldo. No dar más de sí. Simplemente, dar lo que corresponde.

 

La pandemia fue el despertar hacia el ‘mínimo laboral’. Y no es que los trabajadores salieran más vagos de la cuarentena. Es que, si con menos horas cumplidas y nula presencialidad, el mundo seguía girando, ¿por qué íbamos a volver a la sobrecarga de trabajo de antes? ¿Es la sobrecarga lo que conocíamos como ‘normalidad’?

 

El ‘quiet quitting’ o ‘renuncia silenciosa’ quiere asegurarse de que no sobrepasamos el umbral de las expectativas. Parar de ir más allá de lo que se nos exige. Abandonar propuestas y tareas que no están compensadas. Marcar los límites del trabajo y nuestra vida.

 

balance-money-market-business-shopping-brand-1061452-pxhere.com (3).jpgEn la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se reconocen los derechos laborales que protegen a las personas que “venden su mano de obra”. Asimismo, se reconoce “el derecho a igual remuneración por trabajo de igual valor”.

 

Si le damos la vuelta, un trabajo de igual valor al de la remuneración percibida. Una mentalidad que tiene presente que "trabajamos para vivir”, y no “vivimos para trabajar”.

 

Esto es un choque cultural grande. Es un cambio importante en la forma de vida profesional que hasta ahora valoramos.

 

¿Cuántas empresas animarán a su plantilla a que trabajen bajo estos nuevos estándares? ¿Dónde queda la cultura del sobreesfuerzo? Y sí, digo sobreesfuerzo, porque el “quiet quitting” también requiere de esfuerzo, también requiere de compromiso y, sobre todo, también requiere de profesionalidad.

 

“Quiet quitting” no debe identificarse con “mínimo esfuerzo” y mucho menos con “vagancia”, falta de compromiso o falta de profesionalidad.

 

Y vuelvo a preguntar, ¿cuántas empresas estamos preparadas para animar a nuestra plantilla en esto? Creemos, y podemos equivocarnos, que serán las organizaciones que pongan el foco en marcar objetivos y en la gestión de estos las que más fáciles podrán adaptarse a este tipo de personas trabajadoras.

 

white-escape-clock-time-ceiling-green-1204606-pxhere.com-2.jpgOs contamos un ejemplo real de una empresa real y una persona trabajadora real, que cumplía con las tareas, que no objetivos, que le marcaba la empresa más rápido de lo que se esperaba y tenía que “rellenar” su horario; el resto del tiempo lo pasaba aburriéndose en su puesto de trabajo. Su responsable gestionaba a esa persona talentosa igual que al resto y le exigía lo mismo que al resto: sus 8 horas de vida al día. Esta joven talentosa acabó yéndose de la empresa.

 

La gestión de personas debe, y las personas que gestionamos personas debemos, adaptarnos. Debemos saber confluir. No hagamos oídos sordos a la realidad porque fue así como nos enseñaron a comportarnos. Sepamos ofrecer a cada persona lo que realmente quiere, no lo que creemos que necesita.

 

Hagamos autocrítica. Respetemos a las personas que se respetan a sí mismas y a su vida fuera del trabajo.

 

Y sí, aquí acaba el artículo, porque es la hora de irnos a disfrutar de nuestra vida personal. Haced lo mismo.

 

Otro día hablaremos de la desconexión digital

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