El artículo de la semana: No somos suficientemente buenas
¿Lo oyes?
¿Sí? ¿Lo estás escuchando? ¿Tú también? Ese susurro que se convierte en grito en ocasiones…
Te hablo de la voz interior que nos resuena y que nos dice que no somos lo suficientemente buenas, no estamos lo suficientemente preparadas o no lo estamos haciendo lo suficientemente perfecto.
Y hablo en femenino, porque esto nos puede pasar, y nos pasa, tanto a mujeres como a hombres… pero el Síndrome de la Impostora nos afecta mucho más a nosotras.
¿Y por qué a nosotras? Pues porque nos hemos educado y desarrollado como personas en una sociedad donde los estereotipos tradicionales de género están muy marcados. Nos han dicho que “somos perfeccionistas y delicadas”, que “cuidamos más y mejor”, que “calladitas estamos más guapas” y que “podemos con todo, y más”.
Y nosotras nos lo hemos creído. Los estereotipos de género que se convierten en creencias limitantes y nos bloquean para conseguir nuestros objetivos. Que infravaloramos nuestros logros y que nos frustramos y ahogamos en un “no llego a todo”, “no como se espera de mí”.
Las mujeres que experimentan el síndrome de la impostora atribuyen a factores externos los éxitos (qué suerte, aún no se han dado cuenta de que no sé tanto como parece…) y a factores internos los fracasos (no me organizo bien, no es para tanto, no soy tan buena)
En la vida laboral el síndrome de la impostora tiene consecuencias:
- Estrés, ansiedad, problemas relacionales…
- Bloqueos, inmovilismo.
- Falta de interés por promocionar y desarrollarse profesionalmente.
- Interés por no destacar: si realmente no me creo a mi misma… no quiero sobresalir para no generar más expectativas y no poder responder ellas.
- Renuncias: finalmente, podemos encontrarnos con la salida de la organización.
Detectar y afrontar esto debe ser una prioridad empresarial. Queremos maximizar el talento y permitir a todas nuestras personas explotar las cualidades y aptitudes. No es fácil desprendernos de ello, claro… pero por algún sitio hay que empezar.
Desde el punto de vista individual, resultan interesantes los procesos de coaching o mentoring con perspectiva de género
Desde el punto de vista organizacional, una cultura empresarial comprometida con la igualdad real y efectiva entre mujeres y hombres como pilar básico que vaya más allá del cumplimiento normativo. Facilitar canales, redes y herramientas para poder compartir y trabajar las fortalezas de las mujeres de nuestras plantillas.