Tiempos de cambios, tiempos de liderazgo-Artículo para AEDIPE de Teresa Minondo Domeño
Hace unas semanas tuve la oportunidad de conocer una gran empresa en la que tanto su director como sus mandos intermedios asumían el papel de la gestión de las personas de su área, se comprometían con su desarrollo y trabajaban con ellas en la trasformación cultural y en la adaptación a los nuevos cambios.
El éxito de esta empresa se basaba en que su personal directivo / equipo directivo estaba orientado a trabajar para conseguir los mejores resultados, tanto de la empresa como de las personas de la organización.
¿Cuál es el secreto de su éxito?
En primer lugar, y como no puede ser de otra manera, la dirección es la principal impulsora de este modelo de gestión. Las organizaciones son fiel reflejo de cómo son sus líderes y sus equipos directivos. Si la dirección general apuesta por el desarrollo de las personas, su comité de dirección lo hará y se desplegará de forma natural por toda la empresa. Por el contrario, si la dirección general no lo hace, todo el trabajo que pudieran hacer responsables de departamentos/áreas y mandos intermedios caerá en saco roto.
En segundo lugar, han diseñado un Plan Estratégico ambicioso, ilusionante, objetivo, innovador, que ha enganchado a toda la plantilla y hace que todos remen en la misma dirección.
Una vez me dijeron que las personas no seguimos solo a un líder, apostamos por el proyecto que nos ofrece, un proyecto que nos ilusione y que nos comprometa. Con el paso de los años estoy convencida de que así es.
Un proyecto apasionante hace ver a todas las personas trabajadoras, que su trabajo, todas las tareas que realizan, tienen un fin último y está dirigido a cumplir un objetivo que redunde en el beneficio de la empresa/organización.
En tercer lugar, un equipo directivo cohesionado, con visión global, orientado al cumplimiento de los objetivos estratégicos. Este equipo directivo antepone las necesidades y los logros de la empresa por encima de las necesidades o logros de los departamentos o áreas que dirige.
Una de sus funciones principales es la de desarrollar y gestionar a las personas que trabajan en su área, adoptando un papel más allá de la coordinación o la referencia técnica para sus colaboradores y colaboradoras.
Estos líderes contagian a sus equipos su entusiasmo y su compromiso, son un ejemplo para que otros le sigan y están perfectamente alineados con la dirección de la compañía.
En cuarto lugar, el departamento de personas es una pieza clave en la empresa. Marca pautas y directrices, establece una política en la que las personas son el centro de la organización, la fuente de conocimiento, el principal valor añadido y la ventaja fundamental frente a nuestra competencia.
Los últimos meses nos han demostrado que no podemos huir de los cambios Que en nuestras empresas necesitamos personas polivalentes, que se adapten rápidamente a las nuevas necesidades, que den lo mejor de sí mismas en su trabajo, que tomen decisiones y asuman sus responsabilidades.
Todo ello no se consigue de la noche a la mañana. Es fruto de un trabajo de muchos años, en los que poco a poco se ha ido cambiando la cultura de la empresa, una fina lluvia que va calando.
«No ha sido un camino fácil», comentaban, «por el camino se han quedado personas que no han querido o no han sabido adaptarse, ha habido momentos de mucha tensión y ha costado mover a las personas de su zona de confort».
«Hemos conseguido avanzar de un modelo de empresa sin un proyecto definido, con una plantilla desmotivada y unos resultados económicos preocupantes, a una empresa con una cuenta de resultados saneada, la satisfacción de las personas está por encima de 7 y tenemos claro cuál queremos que sea el futuro de la compañía y día a día nos esforzamos y trabajamos para conseguirlo».
Los cambios culturales en las organizaciones no son fáciles. Conllevan gran cantidad de trabajo y desgastan muchísimo, pero no por ello dejan de ser apasionantes. Nos dejan fuera de la zona de confort y nos obligan a innovar más, ser más eficientes e incluso a tener mayor atrevimiento. Y lo que es mejor, sacan lo mejor de cada persona.
Para conseguirlo, tenemos que contar con líderes valientes; que tengan ilusión en el proyecto; que sepan contagiárselo a sus equipos; que les orienten en su desarrollo profesional; que sean personas íntegras, generosas y humildes. Lo demás vendrá de la mano.